Ciudad

Frente a este panorama, el bienestar no se trata únicamente de la ausencia de enfermedad, sino de la posibilidad de habitar la vida con mayor conciencia, equilibrio y sentido. Implica integrar dimensiones físicas, emocionales, sociales, ambientales y culturales en la experiencia de vida de las personas.

Para entrar más en detalle, los principales siete ejes del bienestar son: Bienestar físico, financiero, ambiental, subjetivo, social, emocional y mental, cultural y espiritual.

Recuperar la capacidad de pausar

En una cultura que valora la productividad constante, detenerse puede generar incomodidad. Sin embargo, diversos estudios coinciden en que incorporar momentos de descanso activo, prácticas de respiración o espacios de conexión con uno mismo mejora significativamente la calidad de vida.

Estas investigaciones, también comprueban que los pequeños descansos cognitivos promueven la capacidad de retención de datos y fortalecen el procesamiento creativo. Lo que destaca la importancia de incorporar espacios de pausa consciente durante el día.

Existen sugerencias prácticas como la de implementar pausas de cinco a diez minutos, sin utilizar pantallas, para realizar respiraciones conscientes, contemplar el entorno o cerrar los ojos. Una acción válida para aplicar en la jornada laboral o entre tareas.

Las prácticas de mindfulness o atención plena ayudan a generar un espacio de ocio sin culpa ni objetivo. La realización de actividades como esta, sin exigencia de resultado, favorece la relajación y la calma.

El entorno también cumple un rol importante, como los espacios verdes, las propuestas culturales accesibles y las políticas públicas orientadas al cuidado colectivo que son factores que inciden directamente en el bienestar ciudadano.

En este sentido, la Ciudad de Buenos Aires impulsa distintas iniciativas que promueven hábitos saludables, el encuentro comunitario y el acceso a experiencias que fortalecen el equilibrio personal y social en el espacio público.

El vínculo con la tecnología

Si bien ofrece múltiples beneficios, su uso sin regulación puede intensificar la sensación de agotamiento. Aprender a establecer límites, generar momentos libres de pantallas y priorizar el contacto humano es fundamental a la hora de recuperar una experiencia más presente y conectada con el aquí y ahora.

A continuación, detallamos distintos hallazgos sobre tecnología y salud mental:

Redes sociales y emociones

La exposición constante a vidas ideales en redes sociales genera comparaciones negativas, sentimientos de insuficiencia y ansiedad. El uso pasivo (hacer scroll sin interactuar) es más perjudicial que el activo.

Impacto en jóvenes

Existe un círculo vicioso donde adolescentes con síntomas ansiosos pasan más tiempo conectados, lo que agrava su malestar emocional. En este punto, el ciberacoso y la visualización de autolesiones son riesgos críticos.

Tecnología como herramienta terapéutica

Aplicaciones móviles han demostrado eficacia en la intervención de la ansiedad, insomnio y estrés, facilitando el acceso a la salud mental.

Factores de riesgo

El uso intensivo de pantallas, especialmente antes de dormir, altera el sueño y fomenta el aislamiento social.

Las recomendaciones para un uso saludable de la tecnología son: establecer límites de tiempo, evitar dispositivos antes de dormir y fomentar la interacción cara a cara.

El bienestar en tiempos acelerados también invita a revisar las expectativas. Muchas veces, la exigencia de “llegar a todo” genera frustración y desgaste. En cambio, habilitar una mirada más amable sobre los propios procesos permite construir una relación más saludable con uno mismo y con el entorno.

Datos sobre el bienestar en el mundo

Una investigación llevada adelante por la Universidad Austral junto a expertos de Harvard, reveló que los argentinos superan el promedio global de bienestar psicológico. Esta evidencia científica muestra que Argentina supera el promedio global en 10 de 12 indicadores clave de bienestar.

Estos indicadores son: Felicidad; Satisfacción con la vida; Sentido; Propósito; Salud mental y física autopercibida; Conexión social subjetiva; Contento con las relaciones; Relaciones satisfactorias; Promover el bien; Gratificación diferida.

Preocupación material por seguridad y financiera por gastos.

Los anteriores son indicadores del Secure Flourishing Index (Índice de Florecimiento Seguro), una herramienta que mide el bienestar humano desde una perspectiva multidimensional y la mayor investigación longitudinal sobre bienestar realizada hasta el momento.

Los datos están siendo recolectados desde 2022 mediante encuestas representativas. El proyecto prevé realizar un seguimiento longitudinal de los participantes hasta 2027 y tiene como objetivo comprender cómo evoluciona el bienestar en distintos contextos culturales.

Podemos seguir manteniendo aquella evolución si recordamos que habitar el presente, priorizar lo importante y reconectar con lo que hace bien son herramientas útiles para transitar una época que, aunque acelerada, también ofrece oportunidades para repensar en cómo queremos vivir.

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